Muchos conocen a Egipto como el país de las pirámides donde un sin fin de faraones gobernaron hace varios milenios. El símbolo más representativo del antiguo Egipto evidentemente es la gran pirámide construida por Khufu o Keops pero muy pocos se han preguntado quien fue el precursor de la más gloriosa manifestación arquitectónica de esta magnífica civilización, la respuesta; Dyoser, fundador de la era de las pirámides.

 

La gloria de la Dinastía III, el rey Dyoser

Sanajt –2686-2668 a.C.-, primer faraón de la Dinastía III posiblemente tuvo que enfrentarse con el desorden que en esos momentos asediaba al valle del Nilo y a sus habitantes. Sin embargo, Sanajt fue rey aproximadamente por unos diez y ocho años y su posible hermano se convirtió en su sucesor.

Netyrije –cuya significación es Divinidad del Cuerpo- es como se le conocía en su época pero hoy en día se le llama por su nombre de nacimiento, Dyoser.

En el 2668 a.C. Dyoser también tuvo que darse a la tarea de expandir el territorio bajo su dominio y extender las fronteras de su reino hasta la Primera Catarata. Posteriormente, esta tradicional práctica que desde el nacimiento hasta el ocaso de esta civilización se enfatizó, logró ir más allá hasta muchos otros territorios vecinos que pagarían tributos anules de oro y otros elementos de interés comercial que se tradujeran en riquezas para el Imperio egipcio haciéndole cada vez más poderoso.


Imagen sobre granito del faraón Dyoser

El faraón Dyoser también aprovechó la explotación en el Sinaí al enviar una expedición al lugar. Allí subyugaron a los lugareños haciéndoles trabajar en las minas y canteras, la búsqueda en ese momento englobaba la del cobre y la turquesa.

Egipto para ese entonces todavía no había manifestado su grandiosidad en la arquitectura. El adobe era el material más utilizado por la facilidad que brindaba a los egipcios en los proyectos de construcción aunque era muy perecedero. Hasta ese momento muy pobremente se había utilizado la piedra con dichos fines por lo que existían pocas construcciones en la que se aprovechaba este recurso y cuando se utilizaba era en proporciones menores en donde se constata la inexperiencia en su manejo.

La explotación de las canteras le permitió a Dyoser hacer importantes cambios en la industria constructora; ahora tenía la capacidad económica para incrementar la mano de obra haciendo posible la proyección desde ese momento de una forma inigualable y excepcional nuevos y grandes avances en el área cultural en general que anteriormente progresaba paulatinamente.

Dyoser aparentemente tenía un gran ego y se preocupaba por ser el primero en todo, tal como lo debía ser un faraón. Para todo egipcio la vida debía ser correcta y así se garantizaría la vida eterna en el mundo de ultratumba. Este pensamiento ideológico e inmutable a través de los milenios en el mundo de los egipcios fue lo que hizo a Egipto grande y todos procuraban prepararse para su transición con suficiente antelación. Durante la época de Dyoser los enterramientos ya no eran una cavidad en la arena donde cupiera el difunto y algunas de sus pertenencias tal como se hacía en la época pre-dinástica, en su lugar, se construían mastabas que en palabras simples son construcciones cuadradas de poca altura en las que se enterraba al difunto con sus pertenencias para que las llevase al otro mundo consigo. Estas mastabas tenían la apariencia interior de una casa con habitaciones. Esta forma evolucionó un poco hasta que las mastabas tenían el aspecto de un imponente palacio con habitaciones, pasadizos y nichos.

Comúnmente en las primeras dinastías se acostumbraba a hacer enterramientos satélites. Los mismos consistían en enterrar al jerarca con todas sus pertenencias a modo de recrear en la tumba la vida cotidiana tal como sería en el otro mundo. El enterramiento no solo incluía las ofrendas habituales y objetos personales del difunto, también eran enterrados junto a este las personas que le servían, lo que les permitiría asistir a su dignatario incluso después de la muerte.

Se cree que estos enterramientos satélites en los que se sepultaban a los sirvientes y gobernantes en la misma tumba no ameritaban sucesos violentos. Esto pudiera parecer insensato en un principio pero es preciso hacer un análisis más profundo para conseguir una explicación.

En Egipto eran muy pocos los que podían pagar una momificación y tumba que le permitiera al difunto asegurar su viaje al otro mundo donde su vida era eterna. Ante tal situación es muy posible que los sirvientes de los faraones y reinas aprovechasen la defunción de sus mandatarios para acompañarle en el viaje hacia el más allá y servirle en la otra vida tal como lo habían hecho en Las Dos Tierras, después de todo, el alma del difunto era perpetua mientas que la vida terrenal era perecedera.

El primero después del rey, Imhotep

En Saqqara una inscripción reza:

Tesorero del rey del Bajo Egipto, primero después del rey

del Alto Egipto, administrador del Gran Palacio,

noble hereditario, sumo sacerdote de Heliópolis,

Imhotep el arquitecto...

Este registro tallado con hermosos jeroglíficos revelan quien fue el gran responsable de las obras más ostentosas del rey Dyoser durante una de las más antiguas dinastías. Esta es parte de la inscripción que prácticamente lo pudo haber divinizado –puesto que permitió que su nombre pudiera ser recordado- y es la demostración de que era la mano derecha del faraón, al cual este confió sus más grandes secretos y ambiciones para que las hiciera realidad.


Imhotep, arquitecto de la pirámide
escalonada de Dyoser.

Imhotep fue el primer hombre registrado en la historia. Esto no se debe confundir como el primer humano registrado ya que anteriormente a su aparición se había representado a varios faraones en Egipto y figuras humanas en otras partes del mundo pero no como hombres identificables o monarcas. El caso de Imhotep es diferente, él fue el primero en ser registrado como un hombre común con identidad propia y no como un rey, deidad o personaje humano sin nombre.

Gracias a sus conocimientos inigualables en su época, apresuradamente ganó la simpatía del rey al punto en que Dyoser lo hizo parte de la familia real.

Hoy no quedan dudas de que Imhotep era un genio de la antigüedad a juzgar por todos los títulos que se le adjudicaron donde incluso se le proclama como el médico fundador de la medicina egipcia. Tal es la admiración que el primero después del rey despertó en el mundo antiguo que fue divinizado y posteriormente convertido en dios de la medicina por los Ptolomeos. También se le conceden títulos como astrónomo, consejero y escriba del rey. El es uno de los pocos arquitectos del que se tienen conocimientos en el Egipto faraónico.

Esta imagen de Imhotep se perpetuó a través de los siglos por hechos muy obvios; sus obras arquitectónicas fueron motivo de admiración durante las dinastías e imperios posteriores donde el complejo funerario de Dyoser en Saqqara era frecuentemente visitado por personas del mundo antiguo, y, todos recordaban al gran Imhotep como autor de esas obras para su faraón.

Tal es su obra que se cree que posiblemente se haya enterrado muy cerca de su rey en Saqqara. Normalmente tenía adeptos que después de su muerte hacían peregrinaciones al noroeste del complejo funerario de Dyoser donde le hacían ofrendas consistentes en vasijas con un ibis momificado. Actualmente la búsqueda de su tumba sigue viva con la expectativa de conocer más sobre este magnífico personaje.

El complejo funerario y la primera pirámide del mundo

Dado que el lugar de descanso de un difunto era un espacio sagrado se le dedicaba la mayor atención posible.

Dyoser mandó a edificar en Saqqara un complejo monumental como nunca antes se había visto, un complejo funerario construido enteramente en piedra para que perdurara a través de los milenios tal como lo haría su ka. El lugar no era un simple complejo mortuorio sino también un espacio mágico para el rey. Casualmente está casi perfectamente alineado con los cuatro puntos cardinales, tanto el lugar en general como sus estructuras internas, siendo la desviación apenas de tres grados.



Vista del muro protector del complejo funerario de Dyoser.

El sitio parece haber tenido un propósito además de religioso simbólico, es como un mapa del Egipto mismo donde se acomodarían los edificios de acuerdo a como se hacía en todo el valle del Nilo; respetando la costumbre geográficamente situacional de los templos para el culto y los espacios para los muertos al otro extremo. La pirámide incluso parece simbolizar la sociedad egipcia en su totalidad siendo el faraón la cúspide de esa pirámide y que necesariamente debía estar apoyado a una base que se podría interpretar como el pueblo común pero sin el cual el monarca no sería nada. Incluso hoy en tiempos modernos se usan las pirámides para ilustrar un rango de jerarquía donde el más poderoso se encuentra en la parte más alta de ella mientras que los más débiles se encuentran en los niveles inferiores de la misma. Para los egipcios de la antigüedad debió en un sentido tener un significado similar al planteado.

Todo el lugar se encuentra protegido por un muro de gran altura, exactamente de diez metros y medio de alto. En una primera fase el emplazamiento mediría trescientos metros de largo por ciento trece de ancho. Cuando se concluyeron los trabajos de esta necrópolis, entre ampliación y ampliación del proyecto, terminó midiendo alrededor de quinientos cuarenta metros de largo por doscientos setenta y ocho de ancho. La muralla que rodea el recinto cuenta en diferentes puntos con catorce puertas de las cuales solo una es la verdadera –la entrada del sureste- por la que se puede acceder mientras que las restantes trece son falsas.

A través de la puerta ubicada en el sureste se accede a un pasillo o pórtico en forma de corredor techado lineal. El pasillo de cincuenta y cuatro metros de longitud está sitiado por columnas adosadas de lado y lado que en su parte más alta permiten la entrada de la luz solar a través de unos enormes espacios iluminando las columnas situadas del lado contrario del corredor.


Pasillo de columnas adosadas que da acceso al
complejo funerario.

En el lugar posiblemente habían estatuas representativas del faraón, tanto como rey del Alto como del Bajo Egipto haciendo su cruzamiento una pequeña representación de viaje a través del Nilo que recordaba a cada momento quien era el faraón. El final de este pasillo converge con el patio sur –posiblemente destinado en parte a los rituales del festival de coronación del rey- del complejo.

La parte norte del complejo funerario se encuentra sepultada bajo las arenas del desierto por lo que no se tiene conocimientos de lo que allí se pueda encontrar aún sepultado desde los tiempos más remotos de la historia.

Dentro del complejo de Dyoser existen una multitud de estructuras entre las que están la Casa del Norte y la Casa del Sur de las que se desconoce su función. Sin embargo, se cree que ambas solo sean representaciones de Las Dos Tierras, el Alto y Bajo Egipto, como sus territorios dominados.

Estas estructuras hechas de piedra caliza tienen columnas empotradas también en piedra donde se nota que aún existe la inseguridad de los constructores al recostarlas de la pared que pretenden sujetar. En el caso de las columnas empotradas en la pared representativa del Bajo Egipto tienen la particular forma evocativa de la planta de papiro, propia de los territorios del norte de Egipto. En el otro caso, el de la columna empotrada en la pared representativa del Alto Egipto tiene la forma de una flor de loto –símbolo de los territorios del sur-, motivo utilizado en los templos una y otra vez en épocas posteriores.

Contiguas a la Casa del Norte y Casa del Sur se encuentran los dos patios representativos del Bajo y Alto Egipto respectivamente, siendo el del Bajo Egipto más pequeño que el del Alto Egipto.

En la parte sur del complejo también se encuentra una tumba a la que se puede entrar a través de una fosa descendente. En esta tumba la capilla ceremonial, tiene un exterior hermosamente decorado con las cobras reales que en la parte más alta de la misma, sobre una pared con nichos,  parecen cuidar el recinto en las que están talladas. Se sabe que esta tumba fue hecha para Dyoser y no para sus familiares porque sus decoraciones internas lo dan a pensar cuando se ve al rey realizando los rituales correspondientes, el lugar es prácticamente idéntico a su tumba en el norte.


Cobras reales en la capilla ceremonial ubicada en la parte
sur del complejo funerario.

Se sabe que es en la pirámide, o precisamente, en el fondo del pozo que está debajo de ella donde se enterró al rey ya que se podría decir que es el lugar más impactante del complejo y no sería desperdiciado o sustituido por ningún otro, de hecho, su construcción no tenía otras intenciones diferentes a las de hospedar a Dyoser en su muerte. Es posible que en las cámaras de la tumba del sur sea el lugar donde se hayan enterrado los órganos viscerales del faraón con el fin de darle uso a dichos recintos además de que ésta es en tamaño menor que la tumba que se encuentra debajo de la pirámide.

En este lugar se disponen una serie de salas subterráneas que son la reproducción del palacio del rey para que lo habitase después de la muerte. Sus diferentes salas están adornadas –tanto estas como otras debajo de la pirámide- con reproducciones en piedra imitando al palacio original que Dyoser debió ocupar en algún momento de su vida. Aquí se pueden observar las incrustaciones de cerámica color azul turquesa en imitación a esterillas adheridas a las paredes. Dicho color fue muy popular entre los egipcios, sobre todo para los collares y demás alhajas que en algún momento fueron utilizadas por sus dueños, encontradas éstas en distintas tumbas de diferentes dinastías e imperios.


Salas de la tumba sur con incrustaciones
azul turquesa.

Entre esta tumba y la pirámide se encuentra un patio en el que se piensa que se pudo perpetrar parte del festival del heb-sed del faraón puesto a su ubicación y la existencia de dos estructuras permanentes en el lugar pudiendo éstas tener como propósito ser puntos de referencia de llegada y salida en la carrera del rey en prueba de sus aptitudes físicas.

Hacia el norte, casi en el centro del complejo funerario se encuentra el serdab. Este serdab es una estructura rectangular a la que los árabes dieron ese nombre por parecer un sótano –aunque este ejemplar no tiene un gran parecido-. Se encuentra justo en frente de la pirámide. En ella se puede ver a través de dos hoyos una réplica de la estatua de Dyoser, siendo la original por cierto, la primera escultura de grandes dimensiones –un metro y medio de alto por cuarenta y cinco centímetros de ancho- que se ha conseguido en Egipto, pues, anterior a esta no se ha encontrado ninguna otra de tales proporciones.


Serdab donde se encuentra una replica de la estatua de Dyoser hoy en el
Museo Egipcio del Cairo.

Dentro del serdab se vislumbra  esta estatua de tamaño natural de Dyoser presentado con gran majestuosidad, y curiosamente, la única estatua que se conserva del rey. Verla de frente a través del par de pequeños orificios causa, sin duda, un estremecimiento en el espectador. Dyoser, en dirección hacia el norte, con una mirada profunda y penetrante pareciera estar mirando hacia el patio del norte donde una vez y concurrentemente durante toda la eternidad, se celebrarían sagrados rituales.

La estatua antes de ser desvalijada por los saqueadores de tumbas que amenazaban la vida de ultratumba de los faraones, tanto en la antigüedad como hoy en día, poseía incrustaciones de cristal en la cavidad de cobre para los ojos. No es difícil imaginar la imagen del rey con esos impactantes ojos mirando fijamente al curioso visitante que se asoma entre los dos orificios.

Esta estatua lo representa vestido con el manto ritual completamente ceñido a él y una peluca que se encuentra por debajo de su tocado nemes. También se aprecia que su mano izquierda descansa sobre su muslo izquierdo, postura que a partir de ese momento se puso de moda entre los reyes por la majestuosidad que le daba a las esculturas faraónicas.

En la antigüedad, este serdab debió ser utilizado para hacer ofrendas al rey. Frente al mismo se depositarían los frutos, sacrificios animales e inciensos en honor a Dyoser.

A pesar del impacto que pueda causar la estatua de Dyoser en el serdab, esta  no es la escultura original, es un vaciado en cemento. La estatua original que se encontró en el mismo lugar en 1924 permanece hoy en día en el Museo del Cairo junto a otras maravillas de los reyes que quisieron ser dioses.

Estatua de Dyoser encontrada en el serdab en Saqqara.

Junto a la pirámide, en la parte norte, cerca del serdab, se encuentra el templo mortuorio en el que se debieron realizar los rituales correspondientes en favor de Dyoser una vez muerto. A este recinto se puede entrar por una petrífica puerta que siempre ha permanecido abierta por su material de construcción.

A través de un patio al cual se accede después de atravesar varios pasillos a partir del templo mortuorio se encuentra otro pasadizo más que da acceso a la pirámide escalonada. El complejo funerario debe su fama, además de por su significación cultural para las dinastías posteriores, al ingenio del arquitecto Imhotep en crear ese lugar lleno de escondrijos pasajes muy difícilmente igualados por algún otro arquitecto en las dinastías que le sucedieron.

En sí, el lugar en su totalidad es una maravillosa obra arquitectónica e histórica porque allí fue donde se construyeron las primeras edificaciones de todo el mundo realizadas totalmente en piedra y, allí fue donde Imhotep puso a prueba su genio e imaginación.

Resulta curioso citar que en esta necrópolis de Dyoser, específicamente en la Casa del Norte se encontraron columnas parecidas al estilo dórico griego. Las mismas obviamente no provienen de Grecia sino que son netamente egipcias lo que hace suponer que los griegos las copiaron para sus propios monumentos casi dos mil años después, todo ello muy posible por la admiración que ellos sentían por el arte de los egipcios.

Todo el lugar es la idealización de un gran palacio y en él se encuentran preproducidas en piedra todos los elementos habituales de la vida cotidiana como puertas, esterillas y diferentes objetos que muestran hasta su más mínimo detalle, todos ellos reproducidos en piedra.

Sin embargo, lo más impresionante no son estas estructuras sino que en el centro del complejo funerario se encuentra la pirámide escalonada, el primer gran edificio de la humanidad –y la primera pirámide desde luego-. Dyoser por lo visto tenía todas las intenciones de ser el primero en todo y sin duda lo logró.

Todo había comenzado con la idea de construir una mastaba en la que se enterrara a su rey pero Imhotep deseaba algo más impresionante para Dyoser lo que concluyó en la edificación de la pirámide. La construcción de la misma no estuvo clara en un principio. En un primer momento se había construido una mastaba a la que luego se le agregó otra encima y luego otra.

Tanto la mastaba como la pirámide son simbólicamente representaciones de la creación del universo. Según la religión egipcia todo en un comienzo era agua de la que de repente empezó a emerger un montículo de tierra que fue creciendo hasta convertirse en el propio Egipto, es decir, el lugar era el centro mismo del universo.

La simbología de la pirámide da un paso más allá a la de la mastaba; cuando el faraón moría se unía a las estrellas. La pirámide escalonada era precisamente la construcción más imponente que se había construido hasta ese entonces y vista desde cualquier ángulo se podía ver como escaleras hacia el cielo, a través de los cuales el faraón ascendería. Posteriormente, estos escalones desaparecieron convirtiéndose las pirámides en estructuras que tenían un revestimiento de piedra que las hacían lisas. La apariencia de la pirámide evolucionó gracias al inagotable entusiasmo del faraón de la Dinastía IV, Snofru –2613-2589 a.C.- que a pesar de haber fracasado anteriormente en construir una pirámide perfecta finalmente logró edificar la llamada pirámide roja de la que se copiaron todos los modelos posteriores por ser autentica en su forma.

La construcción de la pirámide escalonada

En un principio, cuando se comenzó a construir en el emplazamiento se edificó una mastaba para el rey. Se tiene conocimiento de que la idea original era la construcción de una mastaba -el monumento típico de entierro de la época- porque a causa de que parte del revestimiento de bloques de la pirámide en una de sus caras se derrumbó en algún momento dejó en evidencia el proyecto original.

A partir de esta mastaba fue que apareció el primer ejemplar de pirámide que se conoce. La mastaba tenía unos sesenta y tres metros cuadrados y unos ocho metros de altura pero hubo un cambio de planes. A esta mastaba se le agregó una nueva capa de piedras que hizo que su tamaño incrementara en sus laterales unos tres metros. Luego, en el lado este de la mastaba se le agregó una nueva capa de piedras que hizo que la forma cuadrada de la mastaba se convirtiera en un rectángulo.


Plano de las fases de construcción de la pirámide escalonada.

Luego de tener esta rectangular base se empezó a construir una mastaba más pequeña sobre la primera que se había construido, el resultado era una mastaba de dos pisos. Esta nueva adición no fue al azar, lo que quiere decir que probablemente Imhotep ya tenía en mente lo que quería crear. Antes de hacer la segunda mastaba sobre la primera se hizo un nuevo revestimiento de piedra con la idea de que las nuevas formas de mastabas que se colocasen encima dieran como resultado una pirámide, es decir, una mastaba sobre otra y otra mas hasta completar unos cuatro escalones de altura convirtiéndose ésta en el centro de atención de todo el complejo funerario.

Por sí misma la pirámide ya era la construcción más alta de la tierra en ese instante pero pareciera que Imhotep no se conformó con su revolucionario invento. Su deseo era construir una pirámide más grande para lo que mandó a ampliar la base en forma considerable de forma que esta pirámide de cuatro escalones al ser mas grande se le pudieran agregar dos pisos más; el resultado, una pirámide de seis escalones con sesenta y dos metros de altura en medio de un hermoso desierto.


Vista lejana de la pirámide escalonada de Dyoser.

Debajo de la pirámide, a unos veinte y ocho metros de profundidad se encuentra una fosa vertical en cuyo fondo yace el sarcófago de Dyoser. La forma de acceso era a través de una escalinata proveniente del templo mortuorio del rey que termina en la parte culminante de una rampa que era la forma de acceso antes de que se clausurara en el momento de ampliar la pirámide de entre cuatro a seis escalones.

Antes de llegar a la cámara del rey es preciso atravesar una serie de habitaciones y corredores dispuestos en forma laberíntica. A pesar de que no todas las habitaciones y pasillos fueron concluidos, los que lo están son una espléndida demostración del ingenio del arquitecto del rey, el lugar es una reproducción de un palacio real.

A unos treinta metros aún más abajo de la cámara del sarcófago del rey, se construyeron un conjunto de habitaciones que servirían como tumbas a los miembros de su familia. En total eran once para sus esposas e hijos aunque solo cinco de ellas situadas en el norte se terminaron completamente. Las seis restantes están ubicadas en el sur y se encontraron colmadas de vasijas de dinastías anteriores. El número de estas es de más o menos unas cuarenta mil y se cree que Dyoser las mandó a colocar allí para protegerlas en su propia morada. Muchas de estas vasijas aún contienen los nombres de los faraones a las que pertenecieron.

Solo una de las once tumbas debió ser ocupada después de que se terminó el complejo funerario puesto que las otras diez ya habían sido ocupadas durante el proceso.

El festival-ritual del heb-sed

El festival de la doble coronación del rey era el símbolo de su dominio sobre Las Dos Tierras, el Alto y Bajo Egipto y de su rejuvenecimiento. Este ritual consistía en llevar al rey al trono y allí se le coronaba como faraón con la corona blanca del Alto Egipto y luego con la corona roja del Bajo Egipto. A ese acto le antecedía una procesión donde sacerdotes visitaban las capillas de los dioses del Alto Egipto y Bajo Egipto respectivamente.

Posteriormente a su coronación, el faraón debía correr por el patio con un símbolo real en mano, el flagelo. Este era otro ritual en el que el practicante ponía en evidencia sus buenas condiciones físicas ante la procesión tal como lo muestra un relieve de la tumba del sur donde se le ve a Dyoser realizando esta ceremonia, corriendo por el patio con la corona blanca del Alto Egipto y el flagelo en su mano derecha.


Vista aérea del patio interno.

Como el lugar está construido con fines fúnebres, este patio y las capillas de los dioses de Las Dos Tierras de Egipto serían utilizados por el faraón para que incluso después de su muerte pudiera practicar el ritual tal como lo había hecho en vida.

Las capillas a pesar de tener nichos para que los miembros de la procesión colocasen sus ofrendas se podría decir que estas son falsas al estar rellenas en su interior, pues, su intención era ser puramente representativas ya que el ritual sería para el rey después de muerto y lo que importaba era su simbología.


Capillas con nichos del patio del heb-sed.

En el Museo de Nueva York se encuentra expuesta una pequeña estatua de un dios de un nomo representativo de una parte de Egipto. Esta estatuilla de no más de veinte y dos centímetros de alto pudo pertenecer a una de las capillas. Se cree que hubieron varias similares a esta, cada una en una capilla diferente pero en este caso se encuentra al pequeño dios erguido, casi desnudo y con un cuchillo en su mano derecha. Sin embargo, no se ha podido demostrar que el complejo de Dyoser sea su procedencia a pesar de que efectivamente está datada como perteneciente a la Dinastía III.

El viaje del rey hacia el otro mundo

Se puede decir que el faraón Dyoser marcó una línea entre la prehistoria y la historia que antes de su aparición no se diferenciaba con fuerza entre los habitantes del Nilo. La aparición de Dyoser es la que hizo que Egipto se desbordase de conocimientos científicos, espirituales, arquitectónicos, artísticos y por sobre todas las cosas, la idea de que estar frente al faraón era lo mismo que estar frente a un dios.

Lamentablemente no quedan muchos vestigios de los que se pueda extraer información del rey en una forma biográfica pero al evaluar sus monumentales construcciones se puede advertir que era un hombre de inigualable ego y rigor que fue recordado incluso en las proximidades del ocaso de la cultura faraónica, y un ejemplo de ello podría ser el hecho de que fue realizada una falsificación que pretendía datar del período de reinado de Dyoser casi dos mil cuatrocientos años después, durante el reinado de los Ptolomeos.

En el año 2649 a.C. muere Dyoser tras haber gobernado diez y nueve años, los que muchos admiten ser muy escasos para la construcción de tan estupenda creación, pero por fortuna, su huella quedó marcada desde la Dinastía III del Imperio Antiguo y afortunadamente dejó una pequeña llama encendida que se convirtió a través de los siglos en la antorcha de los conocimientos del Egipto faraónico, cuna del pensamiento de todas las civilizaciones y por lo ende, ejemplo de ellas.


Este artículo puede ser leído en

N° 5. Octubre 2002
Ed. Grupo Megamultimedia

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