El culto funerario

En las ceremonias funerarias, durante las que tenían lugar complejos rituales, eran pronunciadas fórmulas, cuya fuerza mágica debía proteger de todo peligro a la momia y devolverle, por ejemplo durante el rito de la “Apertura de la Boca”, su fuerza vital para que por medio de vista, oído, gusto y olfato, su espíritu “Ka” pudiese aceptar y beneficiarse durante la eternidad, de las ofrendas que se le hacían llegar.


A partir de la XVIII dinastía aparecen en
tumbas, más adelante también en papiros
y templos, detalladas representaciones
del ritual de la “Apertura de la Boca”

Era necesario pues, a partir del momento en el que la momia volvía a recuperar sus facultades, suministrar al “Ka” periódicamente con provisiones para que no sufriese ningún tipo de necesidad. Este deber solía recaer sobre el hijo mayor del difunto, pero también podía encargarse de esta función un sacerdote funerario.

La comida ritual era colocada en una mesa funeraria, simultáneamente eran recitadas fórmulas mágicas, entre ellas una invocación al espíritu “Ka” del difunto, quién acudía entonces, al mundo de los vivos para poder aceptar los alimentos que se le ofrecían. Para pasar de un mundo al otro, el “Ka” necesitaba un “puente” que comunicase ambos lados. Esta función la cumplía durante el Imperio Antiguo la llamada “Puerta Falsa”.


Puerta falsa de la sacerdotisa Hetepet,
Reino Antiguo, V-VI dinastía. La puerta
falsa unía la sala del mundo terreno
con la del Más Allá. Únicamente el
Ka podía atravesarla

El propietario de la tumba intentaba prever todo tipo de imprevistos que pudiesen acarrearle problemas en el Más Allá. Por ello, para impedir que su “Ka” sufriese necesidad alguna en un futuro, en caso de que su familia no se hiciese cargo de su culto, se hacía representar sobre las paredes de su tumba, sentado  ante la mesa funeraria, al lado de apetitosas ofrendas. Su nombre y títulos aparecían junto a él. De esta manera, utilizando el poder mágico que se le atribuía a la palabra pronunciada o escrita, y a veces a la simple representación de la imagen, se creía conseguir que las ofrendas plasmadas ejerciesen un efecto de restitución.

También escenas cotidianas, en las que aparecían representados familiares o actividades a las que el difunto no quería renunciar, quedaban grabadas en las paredes, para que de esta manera, fuesen transportadas al Más Allá.


Detalle de la puerta falsa de Hetepet.
La representación de las ofrendas
y sus correspondientes fórmulas funerarias
tenían la función de evitar
la carencia de provisiones en el Más Allá

Todo cuanto se encontraba en la tumba, “mansión de la eternidad”, estaba concebido para que perdurase eternamente. Para que así fuese, las fórmulas mágicas se encargaban de mantener alejados a ladrones y otros peligros.

Diversos objetos, como por ejemplo vasos canopes o máscaras funerarias, quedaban protegidos por medio de la inscripción de palabras mágicas.


El uso de amuletos y escarabeos
fue haciéndose más frecuente a
partir del Periodo Tardío. Uno  de
los amuletos de mayor importancia
para la momia era el escarabeo

Una acción protectora emanaba, igualmente, de los amuletos. Los egipcios gustaban de llevar estos pequeños objetos, que ahuyentaban a malos espíritus y maleficios.

Es lógico, por lo tanto, que entre las vendas de las momias se hayan encontrado numerosos amuletos. Estos pueden presentar diversas formas y colores y estar hechos de diversos materiales. Igual de numerosas son sus funciones protectoras.