Una de las bases más sólidas de la cultura egipcia durante la antigüedad era la figura del faraón, quien era considerado algo más que un simple hombre con un poder desbordante sobre la Tierra : era como un dios en el plano de los vivos. Pero ésta en detalle no era únicamente una figura religiosa y política, era, literalmente, una institución.
Uno de los episodios mejor conocidos del Mito Osiriano, es el de las luchas que encaran Horus y Set por el trono de Egipto, vacante luego de que Osiris fuera muerto y despedazado por el último. [1]
Es difícil para el pensamiento occidental moderno aceptar la existencia de un ser póstumo que sobreviva después de la muerte física. [1] Por el contrario, los antiguos egipcios creían en la existencia verdadera de varias "formas" de creciente sutileza que la persona fallecida adoptaba en su "vida de ultratumba".
Como muchas de las creencias del antiguo Egipto que ya conocemos, esta maravillosa civilización, deja el legado más fascinante, que a su vez está constituido por las pirámides, monumentos funerarios, que hoy asombran a la colectividad.
Los Shabtis, Shauabtis y/o Ushebtis, ya veremos más adelante como cambia el nombre en el tiempo o, según otros autores, con palabras egipcias: shabty y/o ushebty, adaptadas a nuestro vocablo, son representaciones volumétricas funerarias, de aspecto momiforme, originadas en la segunda mitad del Reino Medio, en la Dinastía XII, entre el 1962 y el 1787 a.C.